lunes, 22 de octubre de 2012

Palco de Prensa: Huele a gas en Mexicali

Por Gilberto Lavenant
El gas, el que utilizamos como combustible doméstico, aunque útil y necesario, tiene un olor insoportable, además de tóxico. Quizás por ello, cuando en un asunto surge la sospecha de corrupción, se advierte con la expresión popular “huele a gas”.
En Mexicali, en un importante sector, la empresa Zeta Gas, concesionaria del servicio de gas doméstico por tubería, suspendió el servicio de abastecimiento a empresas y particulares en general, sin previo aviso, ocasionando, además de molestias, serios daños a la economía de muchos mexicalenses. Y esto no es cosa menor. Entre las áreas afectadas, se encuentra la Colonia Nueva, donde se ubica la Casa de Gobierno del Estado, el Fraccionamiento Los Pinos, y colonias como Industrial, Cuahtémoc, Burócratas. Ahí hay hoteles, hospitales, comercios y casas particulares, que durante muchos años han utilizado el servicio de gas por tubería, y que de pronto quedaron sin la disponibilidad de tan importante combustible. Abrir la llave del agua, para lavar los trastes sucios o la regadera, en temporada de bajas temperaturas, es horrible. Para fortuna de los afectados, el calor mexicalense es un alivio ante la falta de gas. Pero lo que sí es gravísimo, es no disponer del combustible para utilizar las estufas, necesarias para preparar alimentos. No solamente en las casas particulares, sino en especial en las empresas restauranteras. Sin gas, resultan inoperables. Con las estufas apagadas, no hay alimentos y los clientes se van. Los ingresos son nulos y la quiebra las amenaza. El cierre de las empresas, incrementa el desempleo y por lo tanto, muchos jefes y jefas de familia, dejan de percibir los ingresos necesarios para la subsistencia diaria, y por lo tanto son afectados por este problema, aunque sus domicilios se ubiquen fuera de la zona afectada directamente, por falta de gas por tubería. Bajo tales condiciones, el problema es mayúsculo. Pero este asunto “huele a gas”. Resulta que la concesionaria del servicio, identificada simplemente como Zeta Gas, propiedad de una familia de apellido Zaragoza, quizás por su poderío económico y por ende su influencia política en el país, no se preocupó por advertir a sus clientes, consumidores de gas por tubería, que sería necesario suspender el servicio y explicar la magnitud del problema. Se dice, tratando de justificar su absurda decisión, que lo hizo en atención a que la tubería para el abasto, se encuentra en pésimas condiciones, se habían estado registrando fugas en diversos puntos y ésto podría ocasionar una conflagración, como las que han ocurrido en otras partes del país, con fatales y dramáticos resultados. Aún se recuerda el llamado caso de San Juanico y otro por allá en Guadalajara, Jalisco. Sin embargo, como lo advierta el dicho : “el que quiera tienda, que la atienda” o bien, como se advierte: “negocio que no es negocio, dejarlo”. Si la tubería se encuentra en malas condiciones, al punto de representar un peligro mortal para la población, es responsabilidad de la empresa concesionaria el darle el mantenimiento eficaz y oportuno. Si no lo ha hecho, y ahora suspende el servicio, dizque como una medida preventiva, la falta de mantenimiento, y la suspensión, son motivos suficientes para cancelarle la concesión. Mínimo, exigirle establezca un programa de emergencia, como el prestar o vender depósitos de gas a bajo precio. Mínimo. Seguramente no habrá empresa alguna que esté dispuesta a invertir enormes cantidades de dinero, para renovar el sistema de distribución de gas por tubería. Ni siquiera con la promesa de otorgarles la concesión durante 20 o 30 años. Pero el asunto “huele a gas”, porque las autoridades competentes nunca se preocuparon, o más bien no cumplieron con su obligación de verificar que Zeta Gas estuviese atendiendo adecuadamente el sistema o infraestructura para la prestación del servicio. Ahora que la desatención hace crisis, pues ni cómo corregirla en un lapso corto y sin las molestias y daños que esto ha generado. Y también “huele a gas”, porque no obstante la magnitud del problema, los reclamos de los consumidores o clientes, incluso de los organismos empresariales, las autoridades federales correspondientes, ponen “oídos sordos”. Las estatales o municipales, obviamente eludiendo responsabilidades en esto, reaccionan con suma tibieza. Lo más que se atrevieron a hacer, según lo dicho por el Subsecretario General de Gobierno del Estado, un tal José Manuel Salcedo Sañudo, fue exhortar a la Comisión Reguladora de Energía, que realice una “exhaustiva revisión” del caso de la empresa Zeta Gas, por la interrupción abrupta del servicio, y que “explore la posibilidad de revocar la concesión”. Para el funcionario, la forma de actuar de la concesionaria aludida, “no refleja que tenga un compromiso con sus usuarios, además de que está causando grandes pérdidas económicas tanto a los consumidores como a la economía local”. Lo bueno es que se dieron cuenta de ello. Lo que no justifican, es su tibia reacción. Por eso “huele a gas”. ¿De qué privilegios goza la familia Zaragoza, para que se le soslaye o tolere su irresponsabilidad? ¿Por qué el Gobernador Osuna Millán, tan dado a estallar, cuando algo le molesta, ni siquiera parece haberse percatado de este problema, que no implica solamente el que no tenga agua tibia o caliente al momento de utilizar el baño de la casa de gobierno? ¿Dónde están los Senadores panistas Ruffo Appel y Hermosillo, el “dúo dinámico”, que prometió salir en defensa de los bajacalifornianos? y ¿Dónde están los diputados federales -7 priístas y 1 panista- que deberían mostrar interés por la problemática de sus representados? Física y literalmente, este asunto “huele a gas”. Muchos, parece que ni se han percatado de ello, quizás acostumbrados a los fétidos olores de la corrupción. Este asunto es un claro ejemplo de que la corrupción, también “huele a gas”. gil_lavenants@hotmail.com

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