martes, 6 de diciembre de 2011

Palco de Prensa: Los “intelectuales”

Por Gilberto Lavenant
Si que se armó el escándalo con los desaciertos del precandidato priísta a la Presidencia de la República, Enrique Peña Nieto, cuando lo cuestionaron sobre los libros que ha leído y en especial aquellos que al leerlos, marcaron su vida.




El mexiquense, cometió el error de sentirse intelectual por haber escrito un libro, que en realidad es su plan de acción que habrá de exponer durante la contienda electoral. Hay quienes, en un plano más modesto, presumen ser periodistas porque redactan sus opiniones y se publican en periódicos o se difunden en medios electrónicos. Meras presunciones.



Hubiera sido tan sencillo decir que no acostumbra leer, que pocas veces tiene tiempo para ello, que ha leído parcialmente algunos o varios, pero que ninguno en especial ha marcado su vida, pues su pasión es la realidad social, el analizarla, el buscar posibles o factibles soluciones. Que lo suyo, lo suyo, es la política. Nadie le hubiese criticado por ello.



Quienes lo criticaron, han de ser “intelectuales virtuales”, de esos imaginarios, porque sabido es que los mexicanos no leen. Según encuestas, cada mexicano apenas lee casi tres libros al año. Algunos más, algunos menos, pero la lectura no es un hábito en México.



Dicen, los conocedores del tema, que hay muchos factores que contribuyen a que un pueblo sea más o menos lector de libros. Que en aquellos lugares donde la lectura es alta, es porque no tienen otra cosa qué hacer. Por ejemplo, en sitios con climas extremos. Mucho frio, o mucho calor, inhiben a los individuos a andar a cielo abierto, les obliga a mantenerse encerrados y entonces el pasatiempo favorito suele ser la lectura.



Y aquellos que leen, no consumen precisamente libros de contenido filosófico, con reflexiones profundas, trascendentes. Las lecturas triviales, deportivas o artísticas, por ejemplo, son las más comúnes.



Ahora que, sin subestimar a los grandes escritores, el hecho de no explorar sus obras, no significa que la sociedad esté integrada por meros ignorantes. Los inteletuales, no son los hacedores del mundo. Exponen análisis interesantes, que muchas de las veces obligan a reflexionar, a meditar, pero hasta ahí. No todos los escritores pasan del límite del pensamiento teórico, a la acción práctica, valga la redundancia, pero con la intención de ser más precisos y claros.



Si los intelectuales lo fueran todo, serían los dueños del mundo. Bueno, para empezar, cabe observar lo que Wilkipedia, la llamada enciclopedia libre, indica respecto a lo que es un intelectual. Dice que es el que se dedica al estudio y la reflexión crítica, sobre la realidad, y comunica sus ideas, con la pretensión de influir en ella, alcanzando un estatuts de autoridad ante la opinión pública.



Le refiere también como proveniente del mundo de la cultura, como creador o mediador, que interviene en el mundo de la política al defender propuestas o denunciar injusticias concretas, además de producir o extender ideología y defender valores.



El intelectual, de acuerdo al concepto expuesto, pretende influir en la sociedad y en la política, pero eso no significa que sea político. El político, también busca influir en la sociedad, pero lo suyo es la política, y no precisamente se puede decir que sea un intelectual.



Así es que cabe observar que ciertamente todo político debería tener una cultura general, pero no es del todo imprescindible que devore obras enteras, recuerde pasajes de las mismas y se grave los nombres de los autores. Si la política se midiera por el número de libros leídos, no sería tan compleja e incierta.



Sin embargo, cabe advertir, ojalá que Peña Nieto haya entendido, que presumir que se lee, aunque en la mayoría de los casos no sea cierto, es solamente una postura, para tratar de apantallar a alguien, pero la presunción no es del todo recomendable. Mucho menos cuando se acude al ámbito de quienes escriben y que posiblemente estarán rodeados de algunos asiduos lectores.



Muchos políticos se han equivocado, cuando los cuestionan sobre obras y escritores, precisamente porque tratan de no pasar como ignorantes y responden de manera irreflexiva, bajo la fórmula del tin marin, como en sus años mozos, cuando tenían que resolver los exámenes escolares.



Ahora que no es lo mismo cometer errores al tratar de aparentar que se es intelectual, que decir barbaridades, como el precandidato panista Ernesto Cordero, cuando siendo titular de la Secretaría de Hacienda, dijo que un mexicano puede vivir cómodamente con 6 mil pesos al mes, comprar casa y auto a crédito y pagar colegiatura de sus hijos. Eso si que es una burrada. Sin tratar de ofender a los burros.



Se lee, a lo largo de la formación académica, para asimilar conocimientos básicos e inherentes a la educación, a la formación profesional o capacitación técnica. Pero de eso, a leer por gusto, por satisfacción, por conocer ideas avanzadas, reflexiones profundas sobre determinado tema, está muy lejos de que pueda ocurrir.



Lo que los mexicanos reclaman y que México requiere, no es precisamente un intelectual para gobernar al país, sino un político honesto, capaz, sensato, maduro, con mano firme, contundente, sencillo, sereno, conocedor de la realidad social, claro en su discurso y acertado en su actuar.



El cuasicandidato presidencial priísta, debe asimilar este “tropezón intelectual” y entender que ya está en campaña, que cada cosa que diga o haga, está siendo evaluada por los electores. Tiene que demostrar que no solo es imagen, producto de mercadotecnia, sino que realmente es un político. Si lee o no lee libros, eso es secundario.



gil_lavenants@hotmail.com

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