jueves, 22 de junio de 2017

Acabar con la izquierda

Por Teresa Gurza
La última semana ha sido tema recurrente para columnistas y analistas de prensa y televisión, la incógnita de porqué cuando más cerca ha estado de acceder al poder, Andrés Manuel López Obrador se mete goles con actitudes que obstaculizan su llegada.

Pero para mí, su comportamiento ha sido claro; y creo ha cumplido a cabalidad la misión, encargada o elegida, de dividir a esa izquierda que lo encumbró a los puestos que ha tenido y a la que varias veces ha dicho, no pertenece.
La dividió en Michoacán, cuando el PRD estaba a punto de ganar su primera gubernatura y él era el dirigente nacional;  dividió dos veces la del país, cuando candidato fallido a la presidencia; y la volvió dividir, en la reciente elección del estado de México.
Y lo ha hecho manteniendo un aurea de democracia, congruencia, honestidad y austeridad; cualidades valiosas, que no advierto en él.
Presume de democrático, pero su dedito es el que manda y su persona la que ordena, cuándo y cómo, debe rendírsele pleitesía.
Dice ser congruente, pero ¿hay congruencia, en su agresiva negativa a aliarse con sus antiguos compañeros de partido, que con todo y sus muchos errores podrían casi garantizarle el triunfo?
Se ostenta honesto, pero ¿es honestidad, hablarle a la gente de fraudes que no ha podido probar, pese a los abundantes recursos que se le proporcionan para hacerlo?.
Se las da de austero, pero ¿cuántos de sus fieles seguidores ganan al mes los 50 mil pesos que asegura, le paga Morena?
Hacer como que se es de oposición, es actualmente fácil y redituable; pero no basta con oponerse a gritos a todo; hay que ofrecer soluciones viables.
Ante el hartazgo general por las trampas electorales y los abusos y tranzas que cometen muchos políticos, es natural que su prédica contra la corrupción, le consiga adeptos.
Pero ¿qué ha hecho ante los agandalles, crímenes y excesos de algunos de sus colaboradores, colocados por él en primera línea?
Y fuera de sus propias filas, ¿qué medidas serias y concretas ha tomado o apoyado para luchar contra la corrupción en el país?
No sé si esa tan bien cumplida tarea de dividir a la izquierda, le fue encomendada; la asumió en su incongruencia; o lo hizo su inconsciente, impulsado por la desmesurada imagen que de sí mismo tiene.
Pero de lo que no tengo duda, es de que la izquierda mexicana se hubiera desarrollado mucho más y mejor, sin él.
Ante los robos y abusos que permean nuestra vida política, pudiera parecer cierto eso que dice de que solo él está limpio de polvo y paja y puede corregir el rumbo de nuestro país.
Pero como bien ha escrito Jesús Silva-Herzog Márquez, más que corregir lo que está mal, lo que propone es usar el incienso López Obrador.
“Don Andrés Manuel está convencido de que respirar su prédica limpiará el aire de México, que acompasar el ritmo de nuestros pulmones a la cadencia de su discurso depurará el espíritu de la República…” dice el periodista en su artículo de esta semana en Reforma.
Y agrega que su acercamiento al mundo “es a partir de un breve paquete de fórmulas”.
En fin, por todo lo anterior y por mucho más, me parece que no le interesa la democracia ni tejer alianzas para trabajar por ella; que sus negativas lo están convirtiendo en un palero más, de los que tanto ha criticado; y dudo que pueda ser presidente.
Pero me da temor equivocarme; porque ya vimos el desperdicio que resultó para México, la alternancia con ese otro iluminado que parecía inmaculado y prometía acabar con las ratas y aplastar a las tepocatas, sacar al PRI de los Pinos y terminar con el conflicto de Chiapas en 15 minutos; y que ahora en su locura asegura, que él solito -“tengo mis mañitas”- se encargará de que López Orador no llegue.
Nos consta también, lo que México y el mundo están pasando por haber accedido al gobierno gringo, otro demagogo carente de ideas y cultura; y repetidor, no de lo que se le va ocurriendo como pretende hacernos creer, sino de lo que sabe muy bien, que la gente anhela oír.
Y eso es exactamente,  lo que hace López Obrador; dice y repite lo que sus oyentes quieren escuchar, una y otra vez; en lugar de aprovechar la influencia que tiene en grandes sectores, para educarlos políticamente; como hacen los verdaderos líderes.

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