domingo, 20 de febrero de 2011

Azcárraga contra Slim: al que obra mal se le pudre el culo

Por Federico Arreola
Emilio Azcárraga Jean manda en Televisa por obra y gracia de Carlos Slim Helú. De esto no debe haber ninguna duda.


Si no hubiera recibido el apoyo financiero de este empresario, el más rico del mundo, Emilio no habría podido hacerse del control de la televisora que le disputaba, entre otros, Alejandro Burillo, “El Güero”.








Tal vez Slim lo hizo porque, en su momento, el presidente Ernesto Zedillo se lo pidió, pero el hecho es que lo hizo: sacó la cartera y le dio a Azcárraga Jean el dinero que necesitaba para manejar Televisa.







Es decir, Slim fue generoso con Azcárraga Jean cuando este más ayuda necesitaba.







Si de algo se le puede reprochar al hombre más rico del mundo es haberse pasado de generoso con un mal agradecido.







Es que Carlos Slim le tendió la mano y hoy, desagradecido, Emilio busca dañar a Slim. Eso no se hace.







Según CNN, la “manzana de la discordia” entre Slim y Televisa tiene que ver con el servicio de televisión por satélite Dish, en el que Slim, por medio de Telmex, mantiene una alianza con el grupo Multivisión, de Joaquín Vargas, el radiodifusor que hace días despidió y recontrató a Carmen Aristegui.







Aparte de que Televisa ha emprendido una batalla legal para que Slim se retire del negocio de Dish, uno de sus locutores con careta de periodista, Carlos Loret de Mola (que de joven promesa de la comunicación pasó a ser golpeador al servicio de Emilio Azcárraga, Bernardo Gómez, José bastón y Alfonso de Angoitia) acusó a Slim, en la televisión abierta nacional, de haber tenido que ver en el asunto de Aristegui.







Dice el refrán que al que obra mal se le pudre el culo.







Slim, ya cansado de los ataques de Televisa, ha retirado toda su publicidad de esta empresa, lo que representa un 3 por ciento menos de ventas para la televisora.







¿Que eso es poco? ¡Es bastante! Son decenas de millones de dólares que les va a doler ya no tener a Azcárraga, a sus socios y a sus directivos, a los que, de hecho, lo único que les duele es perder dinero, y no es poco lo que Slim invertía en Televisa.







Como Slim no es funcionario público, no hay modo de acusarlo de atentar contra la libertad de expresión de los “periodistas” de Televisa.







En realidad, Carlos Slim solo está ejerciendo su derecho de no anunciarse donde no solo no lo quieren, sino luchan por arruinarle sus negocios.